La dama de gris by Barbara Cartland

La dama de gris by Barbara Cartland

autor:Barbara Cartland
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Romántico, Novela
publicado: 1950-12-31T23:00:00+00:00


Capítulo 9

Violet Featherstone se paseaba inquieta por la sala de su villa.

Desde el atractivo aposento, con ventanas que daban a una terraza, se divisaba una magnífica vista de la bahía. La villa estaba amueblada con piezas de la época traídas de Inglaterra. Eran de un gusto refinado, carentes de la pompa y profusión de adornos que agradaban a muchos de los residentes del sur de Francia. Violet siempre había amado las cosas hermosas, tenía un innato buen gusto, y la considerable fortuna de Eric le había proporcionado los medios para satisfacer sus caprichos.

Pero hoy no se sentía con ánimos para contemplar la cómoda Sheraton ni la consola Adam. Estaba pensando en una persona: ¡en Robert Stanford!

Estaba avanzada la tarde y no había ido a verla. Tal vez habría salido a cabalgar, pero eso se apartaba de su rutina diaria y, con súbito temor, Violet empezó a recordar las veces en que Robert no se había mostrado muy ansioso de su compañía.

Cuando él llegó a Montecarlo, apenas unos días después de la llegada de ella, los días se le hacían cortos y nunca le parecía demasiado el tiempo que pasaba a su lado.

Pero ahora la situación había cambiado, aunque Violet no podía explicarse por qué. Robert no era el mismo de antes. ¿En dónde habían quedado aquellas tempestuosas y apasionadas noches de amor? Su impetuosidad había desaparecido y ahora estaba más calmado. ¿Cómo pudo estar tan ciega?

Debió haber estado alerta y tener la suficiente percepción para advertir que comenzaban a debilitarse los lazos que los unían. Debió estar en guardia, sabiendo que su poder sobre él no era tan fuerte como ella se empeñaba en creer.

Al pasar frente a un antiguo espejo de marco dorado, Violet vio reflejado su rostro. Con el ceño fruncido y muy marcadas las líneas de las comisuras de los labios, ya no se veía joven. Echó la cabeza hacia atrás en actitud desafiante: ésa no era la manera de cautivar a un hombre y mantenerlo ilusionado.

Siempre, desde que descubrió su poder sobre los hombres, Violet había sido quien se había aburrido primero.

Pero Robert Stanford era diferente. Lo supo desde el momento en que se lo presentaron en un baile de gala. El le había pedido una pieza y le había preguntado en voz baja:

—¿Por qué no nos hemos conocido antes?

Ella también se preguntó cómo había podido transcurrir la vida sin él, cómo había podido parecerle alegre y divertida sin su presencia y en el momento en que empezó la música y él la rodeó con sus brazos, comprendió que había accedido a algo más que a una invitación a danzar.

Y esa misma noche, cuando bailaron incansablemente hasta el amanecer, había decidido que se casaría con él.

Sólo había pensado en su propio deseo y en el de Robert, sin importarle lo rico e importante que fuera, ni su familia, ni la famosa residencia que poseía.

Muchas veces, cuando trataba de fascinarlos, había pensado que sólo Cheveron se interponía entre ellos. Robert hablaba tanto de su hogar que ella comprendía que formaba parte de su vida.



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